| Creo en Dios, Uno y Trino. Creo
que Dios es un Padre que ama profundamente y es Padre
de todos, que es un Papá bueno, capaz de fortalecer
y acariciar a la vez, capaz de esperar, de insistir, de
buscar, de perdonar y darse por entero a cada uno de sus
hijos por igual. Creo en Jesucristo Vivo. Creo
que Él camina con nosotros, especialmente entre
aquellos que más sufren y de manera palpable entre
aquellos que hacen del Amor el centro de su convivencia.
Creo que Jesús es Buena Noticia para todos y que
con su vida interpela a otros y a mí. Y creo
también que Dios es Espíritu Santo, brisa
suave que no se ve pero acaricia, inspiración que
me lleva a comunicarme también con el Padre y el
Hijo, que me hace hablar ante los jóvenes de una
forma que va más allá de los libros y de
toda inteligencia humana, porque es sabiduría que
viene de lo alto.
Creo firmemente que fui llamado por Dios para ayudarle
a construir el Reino de su Gloria y que llama a cada
uno a una misión específica. Creo que
Dios se manifiesta a través del joven cuando
éste es transparente.
Creo en la Iglesia que acompaña a los jóvenes
en el momento que más lo necesitan y les abre
las puertas para que entren con su ritmo y se muestren
a Dios tal como son. Creo que esa Iglesia es comunidad
donde todos cabemos, donde aprendemos del Modelo: Jesús,
donde podemos desarrollar una mejor acción Pastoral.
Creo en la Iglesia y por eso trabajo en medio de ella,
siendo sus manos.
Creo en un mundo lleno de sonrisas y contagiado con
el ánimo juvenil. Creo en una sociedad que es
escuela para la vida, que recibe con alegría
al joven real y no piensa sólo en el joven ideal,
creo que todos podemos mejorarla con nuestra entrega,
trabajo y sobre todo reconociendo la igualdad entre
los hombres. Creo en una América Latina joven
que es modelo y guía para el mundo. Creo en Venezuela,
como tierra próspera para vivir.
Creo en una juventud que con su sonrisa contagia al
mundo de alegría. Creo en una juventud que lleva
un morral de esperanzas y posibilidades para cambiar
el mundo, que camina sin detenerse a pesar de los obstáculos
y así muestra el camino de la verdad. Una juventud
que cuando se toma a Cristo en serio, es capaz de mostrarnos
lo lejos que estábamos de Dios. Creo que esa
juventud tomará las riendas de la Iglesia, para
continuar haciendo presente a Cristo en el mundo. Y
creo también que es posible la unidad de los
jóvenes en un mundo lleno de tantos egoísmos
y divisiones. Creo en sus ganas de ser mejores, en sus
alegrías y desengaños.
Creo que los jóvenes son motores y promotores
del cambio, esperanza para la humanidad y engendradores
de nuevas sociedades. Creo en su alegría, honestidad,
autenticidad y ganas de vivir. Creo en su energía,
su pasión y sus descubrimientos. Creo que no
necesitan ser perfectos para que les ame, sólo
necesito mirar sus ojos y reconocer en ellos a una persona,
una criatura de Dios, un hermano, un amigo. Creo que
los jóvenes al tener un encuentro personal con
Cristo pueden transformar a la sociedad en todos sus
ámbitos y creo que en los jóvenes del
mundo entero está la esperanza de la santidad
y la construcción de la Civilización del
Amor.
Creo en la Pastoral Juvenil, acción fuerte,
decidida, entregada, valiente, espiritual, encarnada,
organizada, que procura el acompañamiento y la
formación de los jóvenes, quienes harán
una humanidad más sensible, una sociedad más
justa y fraterna, una Iglesia renovada y auténtica.
Me ilusiona recorrer el camino hacia una pastoral que
esté encarnada en la realidad social, política
y eclesial del país, y que desde allí,
desde las necesidades, se lance a dar respuestas y compromisos
generadores de vida. Creo que la Pastoral Juvenil de
Venezuela está guiada por el Espíritu
Santo y tiene una misión en el proceso de unión,
solidaridad, justicia, paz y amor en la sociedad venezolana.
Finalmente, creo y proclamo con todas mis fuerzas que
quiero construir la Civilización del Amor, porque
quiero que los jóvenes vivan en un mundo donde
la igualdad, la justicia, la paz, la fraternidad, la
solidaridad, la reconciliación y el amor, como
fuente de todo sean posibles. Tengo la convicción
de que una opción preferencial por los jóvenes
eficazmente asumida es la semilla que generará
la Civilización del Amor como expresión
de nueva vida, siempre y cuando asumamos compromisos,
nos adentremos en la cultura juvenil y acompañemos
procesos que ayuden a descubrir la presencia transformadora
de Dios en sus vidas. Creo que este sueño es
posible, porque Cristo es el Camino y única opción
para ser feliz, bajo la protección de nuestra
Patrona, María de Coromoto, Madre Joven, Mujer
Fiel.
Amén.
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