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Espiritualidad

La Celebración liberadora: celebrar la acción salvadora de Dios en la vida Cotidiana de los Jóvenes.

La palabra liturgia, deriva de un término griego que significa "obra en favor del pueblo", se aplica hoy al conjunto de celebraciones de la vida cristiana (Eucaristía, sacramentos, oración y fiestas), que la comunidad eclesial vive como experiencia de salvación y liberación.

Antiguamente la liturgia acentuaba el aspecto rituak-cultural (liturgia = culto, ceremonia y ritos religiosos) y ahora se insiste más en su aspecto salvífico (liturgia = celebración de la acción salvadora de Jesucristo en el "hoy" de la comunidad cristiana). Con esta nueva orientación, promovida por el Vaticano II, la liturgia no es tanto el culto que el hombre tributa a Dios, cuanto la manifestación de la acción salvadora de Dios en nuestra comunidad.

En este sentido trabajo no pretendemos explicar la liturgia en todos sus aspectos; solamente queremos destacar dos puntos que inciden directamente sobre la praxis pastoral.

En primer lugar, la liturgia ha de estar unida a la vida. La Carta a los Hebreos nos dice que el sacerdocio de Cristo no consistió en ritos u ofrendas sacrificiales sino en su vida entregada en el cumplimiento de la voluntad de Dios. (Cf. Hb 10, 5-7) La liturgia cristiana, por tanto, no consiste en ceremonias y ritos sino en la ofrenda de la propia vida. Con J. Mateos, creemos que el sacerdocio de la Iglesia, a ejemplo de Jesucristo sacerdote, es ante todo, "el sacerdocio de la vida, entregado a los hombres por fidelidad a Dios; su lugar sagrado es el mundo; su tiempo sagrado es la historia, iluminada por la esperanza; su ofrenda y su sacerdote, el hombre dedicado a Dios y al prójimo... El ejercicio es la vida entera: alegría y dolor, fiesta y tareas" Una celebración litúrgica desconectada de la vida y de la historia de los hombre, cae fácilmente en el ritualismo vacío y estéril.

En segundo lugar, la liturgia tiene una fuerza liberadora y transformadora. En la liturgia se celebra el misterio pascual de Cristo. En ella se actualizase hace presente y se manifiesta la acción salvadora de Jesús. Esta salvación, realizada en la liturgia, implica la liberación del hombre en todas sus dimensiones. No es una salvación que se agota en la santificación personal de los creyentes, sino que se proyecta en el orden social, generando justicia, solidaridad, fraternidad y paz. Las celebraciones litúrgicas son auténticas cuando transforman nuestros corazones, nuestras vidas y nuestra sociedad, es decir, cuando nos comprometen a luchar por el Reino de Dios y su justicia entre los hombres. "Cuando hacemos de la liturgia una tranquilizante que nos permite seguir viviendo sin ningún esfuerzo de conversión individual y colectiva, cuando la convertimos en huida del mundo, en evasión de nuestros compromisos, en rutina que no transforma nuestra vida personal ni la de la comunidad cristiana, entonces estamos empobreciendo el contenido real de la acción litúrgica" (J. A. Pagola, Acción pastoral para una nueva evangelización, sal Terrae, Santander 1991, 215).

La liturgia es un mediación o función importante en toda praxis pastoral. Sin la acción celebrativa de la Iglesia, la pastoral no conseguirá plenamente su objetivo de anunciar y hacer presente el Reino de Dios en nuestra situación histórica.

Aplicando este principio al campo de la Pastoral Juvenil, afirmamos, con plena convicción, que la celebración es un elemento imprescindible en la acción pastoral que se realiza con la juventud. Para nosotros, las celebraciones litúrgicas, tanto sacramentales como no - sacramentales, son momentos privilegiados para educar en la fe a los jóvenes. En ellas los muchachos y muchachas comparten su fe a través de sentimientos, vivencias e inquietudes; se inician en la meditación, la oración y la apertura al misterio; descubren la presencia cercana de Jesucristo; experimentan a la Iglesia como una comunidad orante y celebrante; dan un aire festivo a la vida cristiana; fomentan la unidad del grupo, así como la corresponsabilidad, la solidaridad y el compromiso...

Además, en los mismos jóvenes encontramos aspectos positivos, connaturales a ellos, que facilitan su educación y participación en estas celebraciones. Entre otros, mencionamos los siguientes: el sentido de fiesta y de celebración; el gusto por el canto y la música; el sentido de comunidad; la apertura al lenguaje simbólica; La liturgia es de por sí una celebración en que prevalece el lenguaje de los símbolos. Hay que ser consciente de que la realidad última de nuestra fe - la realidad de Dios - es indefinible y sólo se puede acceder a ella mediante aproximaciones y símbolos. El lenguaje simbólico nos permite entrar en contacto con lo inaccesible: el misterio de la acción de Dios y de la presencia de Cristo. el deseo de una participación más activa y dinámica en lo que se celebra; la apertura a la oración; etc.

Por todo esto, la Pastoral Juvenil, en sus procesos de educación en la fe, opta por las celebraciones con y para los jóvenes. (Cf. Santo Domingo, 117) Estas celebraciones se pueden realizar de muchas maneras: en forma de celebración interior en el silencio de la oración: en forma de celebraciones grupales - comunitarias con cantos, oraciones, plegarias de acción de gracias ...; y en forma de celebraciones propiamente litúrgicas (Eucaristía, reconciliación...). Todas estas formas se pueden combinar por medio de retiros espirituales, jornadas de oración, vigilias, pascuas juveniles, etc.

Tales celebraciones serán significativas para los jóvenes, si reúnen las siguientes características:

· que tomen en cuenta los intereses vitales de la juventud,
· así como los problemas y aspiraciones de la humanidad;
· que sean creadoras de comunidad;
· que sean educadoras de la fe;
· que sean alegres, creativas y dinámicas;
· que favorezcan la participación;
· que utilicen un lenguaje sencillo y comprensible;
· que inviten a la conversión personal y social, al testimonio,
· al compromiso liberador y transformador.

En resumen, este principio iluminador nos dice claramente que la celebración es un momento esencial en los procesos de educación en la fe. Sin celebración de la fe no hay comunicación ni maduración en la fe. Por eso la Pastoral Juvenil, en sus procesos integrales de formación, contemplan los momentos celebrativos y festivos; además, en sus reuniones con los jóvenes, utiliza el conocido método de "VER - JUZGAR - ACTUAR - REVISAR - CELEBRAR".

Tomado de: Javier González Ramírez, Pbro. "La Pastoral Juvenil: principios teológicos - Pastorales y orientaciones metodológicas" MEDELLIN Nº 94 vol XXIV Junio 1998.

Espiritualidad cristiana en los comienzos del Siglo XXI

Nuestra tarea es ayudar a los jóvenes encontrarse con Cristo en la historia, con Cristo encarnado, con el Cristo de la fe. Y hay que recordar que los jóvenes que golpean la puesta de la Iglesia no sólo son subjetivos. También admiran lo objetivo de la ciencia, de la técnica, así como los resultados matemáticos. Se interesan por la posibilidad de la vida extraterrestre y los mundos a que nos da acceso la informática. Esto es un nuevo reto para la experiencia religiosa.

a) Encuentros místicos y celebrativos:
Los jóvenes son especialmente sensibles a la experiencia mística, la que conmueve las entrañas, la que habla al corazón, Están llenos de búsquedas de "lo" espiritual y, por lo mismo, fácilmente se compran cualquiera de las que circule en el mercado, sean estas de proveniencia oriental o de la nueva era. Y, por la influencia de los medios, fácilmente el sincretismo de estas experiencias termina en una mezcla indeterminada de símbolos, creencias, colores y sabores.
Con los jóvenes se realizan tiempos de oración en un contexto celebrativo. Es una pedagogía litúrgica que incluye la fiesta y el canto, la proclamación de la Palabra y el compartir una pregunta, la oración silenciosa y contemplativa en que vamos desplegando un cierto camino espiritual. Suelen ser Celebraciones de la Palabra en que se da lugar a la gestualidad y mucho al silencio acogedor. También puede ser la Liturgia de la Palabra de una Eucaristía. De esa manera los jóvenes se van iniciando en la oración y en la liturgia.

b) Encuentros y retiros:
Este es un punto de partida, pues se entiende que en los encuentros y retiros hay más tiempo para la oración más detenida... pero siempre con belleza, con el icono, la vela o el incienso, la luz y la música adecuados, usando los rincones sugerentes de la capilla o de la naturaleza, es decir, utilizando el lenguaje total. Después podremos internarnos en los Ejercicios Ignacianos o en la tradición carmelitana, dominica o franciscana, etc... para crecer en la experiencia espiritual. Pero lo que sería imperdonable es que abandonemos a los jóvenes a sus búsquedas urgentes, sin ofrecerles el tesoro de la mística cristiana.

c) Encuentros Eucarísticos:
Nos interesa llegar a celebrar activa y conscientemente el sacramento de la Eucaristía. Y a que los jóvenes la descubran como la fuente de su espiritualidad, un momento culminante, un encuentro insustituible, y no puedan prescindir de ella en sus vidas. Por lo menos, de la Eucaristía dominical.

La Eucaristía sintetiza toda nuestra propuesta: ella es encuentro, ella es ofrenda, ella supone sacrificio - y de fuerzas para afrontarlo -, ella siempre culmina en comunión para la misión. Es la gran pedagoga de la vida cristiana: enseña a darle la primacía a la Palabra de Dios, la centralidad a Cristo y el lugar de privilegio a los hermanos. Nos enseña a vivir con los brazos abiertos para acoger, los oídos abiertos para escuchar, los labios abiertos para bendecir, las manos abiertas para ofrecer, el corazón abierto para amar; y la vida dispuesta a entrar en comunión.

Nos desafía, pues, proponer y enseñar una espiritualidad eucarística que sea fuente, inicio, aliento del camino y de la vida, que dé sentido al trabajo y al dolor. En palabras de un amigo sacerdote: "La Madre Teresa de Calcuta encarna una espiritualidad eucarística moderna. Ella es icono de la caridad, del apostolado, del amor al heroísmo, de la entrega y de la adoración eucarística. Dicho con audacia, su vida ha sido una permanente Eucaristía.

En la Espiritualidad de la Pastoral Juvenil es necesario dar importancia:

  • A la persona de Cristo y su misterio, siempre al centro, sin jamás darlo por supuesto ni equipararlo a cualquier maestro o revelador, por respetable que este sea; la fe en la encarnación, la fe en la resurrección de la carne, la fe en los cielos nuevos y en la tierra nueva, debe estar muy explícita en todo encuentro y en todo discernimiento. Este criterio es especialmente necesario a la hora de elegir cantos, poemas, oraciones y narraciones en que razón de la bienvenida apertura, a veces no somos lo suficientemente cuidadosos en sus contenido.
  • A la persona del hermano del que me hago prójimo y de aquel que está más lejos y más sufre. Como criterio de discernimiento, en cualquier manual de experiencia mística o religiosa, hay que ver si existe la conversión al prójimo "para cumplir la ley y los profetas" y evitar el ensimismamiento.
  • A la Comunidad Eclesial, representada en ese grupo de jóvenes presididos por un ministro de la Iglesia, e incorporado siempre a la oración las intenciones y necesidades del Santo Padre, del propio Obispo y de la Iglesia Particular.
  • A los Símbolos Cristianos, evitando respetuosamente aquellos que apuntan a otros referentes y evitando también que los símbolos - como la cruz al cuello - no se reduzca sólo a una cuestión de estética. Se ha hecho común entre los jóvenes llevar de adorno un collar de cuentas, el ying y el yang, una runa, un triangulito, y hasta la estrella de David. Todo esto puede ser muy simpático y lleno de sentido para quienes creen en esos referentes, pero ¿Cuál es el significado que le asigna el que lo lleva? ¿Es sólo estética o dice pertenencia? ¿De qué manera hablan de nuestra fe en Jesucristo?

Tomado de: Cristiaán Prech Bañados, Pbro. "Espiritualidad cristiana en los comienzos del siglo XXI una invitación a una experiencia mística, a la comunión y a la misión" MEDELLIN Nº 113 vol XXIX marzo 2003.