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Experiencia Juveniles en JMJ - Elsa Díaz
Inolvidable experiencia:

Apenas partió el avión hacia Alemania comencé a escribir lo que sucedía en el viaje, con el pasar de los días se hacía más difícil porque eran tantas cosas maravillosas que resultaba imposible plasmarlas todas, trataré de contarles algunas de ellas. Como algunos de ustedes sabrán, pertenecí al Grupo Internacional de Liturgia junto a Marcel Soto, esto es un privilegio, pero aún siendo de este grupo no se tiene la seguridad de estar junto al Santo Padre ya que en esta oportunidad éramos alrededor de 170 jóvenes.

El día de la llegada del Papa, el grupo de latinos cantaba en la popa del barco que transportaría al Santo Padre por el río Rhin, horas antes que Benedicto XVI se uniera a nosotros, en eso uno de los organizadores me dice que lo siguiera, uno de los chicos me traduce la parte que yo no había entendido: que sería una de las 21 personas que estaríamos alrededor del Papa durante la ceremonia. Esa fue la sorpresa del día, tenía tantas cosas en la mente, cosas que le podía decir en nombre de todos los venezolanos… Pero al llegar el momento de saludarlo casi no me salían las palabras, y su mirada lo decía todo: estaba contento por nuestra presencia en la Jornada. Su mirada transmite mucha paz y sus manos, tranquilidad, serenidad. Me regaló un rosario. Ese día nos sentíamos como los apóstoles cuando acompañaban a Jesús en la barca y predicaba a la multitud que escuchaba desde las orillas. Él, en el nombre de Jesús nos decía: Como ustedes, también yo me he puesto en camino para arrodillarme ante la blanca Hostia consagrada, en la que los ojos de la fe reconocen la presencia real del Salvador del mundo. Todos juntos seguiremos meditando sobre el tema de esta Jornada Mundial de la Juventud: "Venimos a adorarlo" (Mt. 2,2)
De regreso a Haus Altenberg (donde nos alojamos) no nos cansábamos de repetir una y otra vez lo que nos había dicho a cada uno de los que nos acercamos a él, Patricia de Peru, Ricardo de México, Claudia de Chile, María Mercedes de Bolivia y mi persona fuimos los latinos que saludamos personalmente al Papa ese día, sólo Ricardo y yo volvimos a hablar con él nuevamente en la Misa Final cuando llevamos las ofrendas y al verme me sonrió y dijo: ¡!From Venezuela!!! Mejor no pudo ser este encuentro. Así como Benedicto me reconoció, Jesús lo hace con cada uno de nosotros cuando volvemos a adorarlo en Santísimo Sacramento, de eso no hay duda.
El grupo de liturgia no sólo representó una oportunidad de conocer de cerca al Papa y tomarle fotos, eso sólo sería por farándula, es escuchar su mensaje, es vivir la Jornada Mundial de la Juventud desde otra perspectiva. En esta JMJ compartí con "todo el mundo" durante 10 días y ahora esos chicos y chicas son como parte de mi familia. Entre las cosas que más recuerdo es el encuentro entre Arz (de Israel) y Dima (de Palestina) al conocerse, se dieron un gran abrazo como reconciliando en él a sus naciones; se nos erizó la piel. Tuve la oportunidad de compartir la habitación con dos chicas: Christina de Bangladesh y Cecilia de Suecia. Aprendí mucho de ellas aunque no hablamos el mismo idioma, sus realidades son tan diferentes a la nuestra, Cecilia vive muy bien y ahí da testimonio de su fe. para Christina es más difícil, los católicos en su país son una de tantas minorías, este encuentro la reconfortó mucho.
Las realidades latinas se parecen más, aunque también hay diferencias, para Angel Manuel, uno de los cubanos es primera vez que salía de la isla, pudo viajar gracias a donaciones que recibe su iglesia desde el exterior. Martha, de Bogotá, visitó Tierra Santa antes de llegar a Alemania, todo ésto le confirmó su vocación para ser religiosa. También me encontré a 3 de los cuatro obispos venezolanos que participaron en la Jornada y que compartieron con mucha alegría esta experiencia que definitivamente es inolvidable y llena de bendiciones.

Elsa Díaz
Arquidiócesis de Caracas
Delegada por la Conferencia Episcopal Venezoalana en el Grupo Internacional de Liturgia